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dilluns, 3 de març del 2014

Donan a Ibi documentos del siglo XVI rescatados de la hoguera en la Guerra Civil.

 Donan a Ibi documentos del siglo XVI rescatados de la hoguera en la Guerra Civil

El Ayuntamiento de Ibi ha recibido diversos documentos históricos rescatados por Luis Satoca Ricart en el inicio de la Guerra Civil Española. Los documentos fueron recuperados por Luis Satoca de la hoguera que arrasó el archivo parroquial de Ibi el 6 de agosto de 1936, en los inicios de la Guerra Civil. El alcance de los mismos se dará a conocer una vez se realicen todas las tareas archivísticas necesarias y, en cuanto al contenido, se trata de hojas sueltas y originales de diversos expedientes y libros.

Entre ellos hay un libros de visitas del Patriarca San Juan de Ribera a la Universidad de Ibi del año 1580 y un libro de bautismos de la parroquial Iglesia de Ibi del año 1688, entre otros.
Los hijos tenían el encargo de donar estos documentos una vez fallecido este hombre, investigador de la historia de la población ibense. Fue el pasado 30 de noviembre, en la presentación de la obra póstuma de D. Luis Satoca Ricart, 'El Callejero ibense, Entre els plàtinos i l'olivera', cuando el hijo hizo dio esta soprendente noticia y que ayer hizo realidad.

Fuente: Laverdad

dimecres, 23 de gener del 2013

Fallece el último superviviente de la lista de Schindler


Leon Leyson.
Ha sido el último en despedirse de una lista inmortal. Leon Leyson tenía 13 años cuando Oskar Schindler lo puso en su nómina milagrosa junto a otros 1.100 judíos que se salvaron de la muerte en los campos de concentración nazis. Salió de Cracovia para llegar después a Los Ángeles, donde ha muerto a los 83 años tras cuatro años de lucha contra el cáncer.
De acuerdo a sus propios relatos en entrevistas sobre su experiencia en la Segunda Guerra Mundial, pasó décadas sin hablar de su traumática e increíble experiencia por pensar que a nadie le interesaría. Hasta que llegó Steven Spielberg para firmar su gran obra maestra y destapar esa caja de Pandora, cerrada desde que logró sobrevivir al holocausto en 1945.
Tras el estreno de 'La lista de Schindler' fueron muchos los medios de prensa interesados en la historia de Leyson, que lejos de rehuirlos, volvió a recordar lo que fue todo aquello.
De sus relatos surgieron anécdotas como el hecho de que Schindler, el empresario alemán que decidió salvar a todas aquellas personas declarándolos trabajadores útiles para la guerra, le llamaba el 'pequeño Leyson' y que eran tan joven entonces que necesitaba subirse a un taburete para poder manejar la maquinaria de la fábrica.
Pasó mucha hambre, como casi todos sus compañeros de trabajo, aunque Schindler le ayudó doblando su ración y después incluyendo a su madre y a sus hermanos —los que lograron sobrevivir—, en la lista de la salvación. Perdió a dos, Hershel, que logró huir en dirección a su pueblo natal y que cayó en una masacre junto a otros 500 habitantes del lugar; y Tsalig, que fue sacado del ghetto en el que vivió parte de esos cinco años de guerra y llevado a un campo de concentración después.
Cuenta el libro de Thomas Keneally en el que está basada la cinta de Spielberg, con guión del extraordinario Steven Zaillian, que Tsalig fue reconocido por Schindler en el tren en el que por error subieron a su contable, interpretado por Ben Kingsley en la película, pero que no quiso bajarse porque su novia no estaba en la lista de trabajadores del empresario.
De acuerdo a Marilyn Harren, directora del centro Rodgers para el Holocausto de la Universidad Chapman en California, Leyson "nunca usaba notas cuando recordaba su historia", hablando con el corazón y sin miedo a reconstruir la historia, por muy dolorosa que fuera.
Nacido en la localidad polaca de Narewka el 15 de septiembre de 1929, era hijo de un trabajador en una fábrica de cristal. Tenía solo 10 años cuando las tropas de Adolf Hitler entraron en su país para comenzar un horror que duraría demasiado.
Tras la guerra, llegó a Estados Unidos en 1949 para instalarse en Fullerton, una de las ciudades periféricas de Los Angeles, y convertirse en profesor durante 39 años, una existencia difícil de olvidar.
Fuente: elmundo

diumenge, 21 d’octubre del 2012

Birmania desenterrará 60 aviones de la Segunda Guerra Mundial




El gobierno birmano firmó un acuerdo para la excavación de unos 60 aviones de combate Spitfire que fueron enterrados al final de la Segunda Guerra Mundial.
Los aviones nunca se utilizaron y se espera que estén en buen estado, ya que fueron enterrados en el interior de sus cajas de entrega, en fosas de 10 metros de profundidad.
El acuerdo se realizó entre el director general de aviación civil de Birmania y Cundall David, un agricultor británico que pasó 16 años en busca de las aeronaves. El Spitfire tiene mucha demanda entre los coleccionistas.

Fuente: BBCMundo

dilluns, 25 de juny del 2012

Skorzeny, el archivo secreto del nazi que liberó a Mussolini



Estupefacto, Luis M. Pardo abría el baúl con los recuerdos de Otto Skorzeny, el archivo de uno de los más célebres nazis de la historia, el hombre que rescató a Mussolini, e iba descubriendo por qué su padre temía por su vida. Encontraba condecoraciones y cartas oficiales. Pasaportes con distintos nombres y el mismo personaje en las fotografías. Según su partida de nacimiento, el nombre completo del coronel nazi era Otto Johann Bapt Anton Skorzeny. Pero no era su única identidad. Fue también Rolf Steinbauer, Hanna Eff Khoury, Frey Hans Rudolf, Hans R. Frey… Franco le proporcionó documentación con esas falsas identidades. Y Francia, Alemania, Palestina, Paraguay…
Pasaporte expedido en 1951 en España a nombre de Skorzeny.
Iba limpiándoles el polvo y tratando de entender lo que tenía frente a sí:2.500 documentos confidenciales. Una de las más extensas herencias de documentación nazi jamás encontrada hasta el momento. Es para ti. Haz lo que creas más conveniente. Te lo dono, así los recibió Luis M. Pardo, de su padre. Su progenitor fue amigo íntimo de Ilse Lüthje, la mujer, ya fallecida, de Skorzeny. Pardo se encerró en su vivienda madrileña durante un año y medio. Desentrañando el rostro desconocido de Caracortada. Su otra faz.
El 7 de julio de 1975, cuando Skorzeny murió en la cama del hospital Francisco Franco, lo había perdido todo, hasta su fantástico porte de gigante de 1,90 m. Ilse, su esposa, la condesa von Finkenstein, le acompañaba. A ella le había encargado que, en sus últimos años de vida, desentrañara los misterios de su archivo y que preservara su legado. Pero ella no pudo soportar la tristeza de su ausencia y lo guardó todo en el enorme baúl. Casi tres décadas después, la condesa moriría entre la soledad y la pobreza en un centro geriátrico en Tres Cantos, Madrid. Solo la familia de Luis M. Pardo fue a su funeral.
El padre de Luis, a quien Ilse le entregó el archivo Skorzeny, nunca se atrevió a abrir el baúl. Temía que llegaran nazis o los peligrosos socios de Caracortada y lo mataran. Los 2.500 documentos contenían planes de guerra, de negocios, fotos inéditas, cuentas bancarias, datos sobre los orígenes de su fortuna… 

dimarts, 13 de desembre del 2011

La guerra: negocio redondo



".La guerra es un negocio sucio. Siempre .lo ha sido. Es posiblemente el más antiguo, .fácilmente el más lucrativo, seguramente el más cruento. Es el único que es internacional en su alcance. Es el único en el que los beneficios se calculan en dólares y las pérdidas en vidas." Así lo dijo el general Smedley D. Butler, del Cuerpo de Marines de Estados Unidos, el militar más condecorado en la historia de ese país.

DESPUÉS DE LA MATANZA, LAS EMPRESAS REEMPLAZAN A LOS AVIONES DE COMBATE.
¿Quién gana con la guerra? ¿Por qué es un negocio bombardear un país hasta dejarlo en ruinas? Después de la matanza, las empresas reemplazan a los aviones de combate. Los mismos países que bombardearon Libia, ahora reciben contratos millonarios para su reconstrucción.
"Libia es un país rico en reservas de petróleo, y espero que haya oportunidades para que los británicos y otras empresas participen en la reconstrucción", confesó el ministro de Defensa británico, Philip Hammond.
Según Rusia Today, la cuenta que el Reino Unido debe pagar por su parte en la intervención de la OTAN se ha evaluado en casi 500 millones de dólares. Mientras tanto, según el Departamento de Comercio e Inversiones, el valor de los contratos para la reconstrucción de Libia podría llegar a más de 300 000 millones de dólares durante los próximos 10 años.
John Hilary, director ejecutivo de War on Want, una organización que lucha contra la pobreza en los países en desarrollo, asegura que la situación es parecida a Iraq después de la guerra, cuando las empresas de los países involucrados en la invasión obtuvieron los mejores contratos. "Bombardeamos, destruimos y después obtenemos contratos para la reconstrucción", dijo a Rusia Today.
Como el Reino Unido, Francia no quiso quedarse fuera. Fue la primera potencia occidental que reconoció al autoproclamado Consejo Nacional de Transición (CNT) como gobierno legítimo de Libia y la primera en reabrir su embajada en Trípoli. París espera que la gratitud política se traslade a los negocios.
Estos pasarán por los millonarios contratos para la reconstrucción del país, las concesiones petroleras y las nuevas oportunidades que surgirán con su previsible apertura económica.
El periodista australiano John Pilger aseveró que hubo pruebas de negociaciones incluso antes de la invasión de la OTAN a la nación árabe. "Libia es una fuente con más petróleo que cualquier otro país en África, incluso Nigeria", afirmó. "El Consejo Nacional de Transición dijo a Francia que si enviaba sus aviones al país le otorgaría a la empresa Total (primera empresa gala del sector) el 35 % de las reservas libias de petróleo".
El analista mexicano Alfredo Jalife explicó a Telesur por qué la OTAN gana con la destrucción y luego la reconstrucción de Libia.
Consideró irrisorios los 1 500 millones de dólares de los activos libios que Estados Unidos liberó para los sublevados del CNT, pues en realidad los bienes del país norafricano ascienden a más de 100 mil millones de dólares.
Llama la atención, señaló, la manera en que la OTAN y Estados Unidos van a utilizar las cuentas "que tienen hipotecadas, son grandes reservas de dinero, de más de 100 000 millones de dólares", insistió al considerar que son "migajas las que le sueltan al CNT".
Sería ingenuo creer que en Libia "destruyen por destruir" —explicó— pues no se puede olvidar que también operan las fuerzas transnacionales "para ganar y sacar jugosos dividendos".
El analista hizo una analogía entre Iraq, Afganistán y Libia, y señaló que ninguna de las tres naciones "tiene infraestructura de ninguna índole, están totalmente destruidas, pero eso es parte del negocio, porque luego van a la reconstrucción y ya tienen ignorado el dinero de la gran riqueza del país."
Las guerras son un negocio redondo para los vencedores. ¡Pero a qué precio! ¿No es acaso el ser humano un animal racional? ¿Qué racionalidad puede haber en un conflicto armado, donde además, quienes cosechan fortunas, no participan en la batalla? Solo tiran a pelear a un hombre contra otro, como en el circo romano.
Así escribió el general Butler en su libro War is a racket: "Por lo menos 21 mil nuevos millonarios y multimillonarios fueron creados en EE.UU. durante la Guerra Mundial. Son los que admitieron sus inmensas ganancias con sangre en sus declaraciones de impuestos. Nadie sabe cuántos otros millonarios de la guerra falsificaron sus declaraciones de impuestos. ¿Cuántos de esos millonarios de la guerra cargaron un rifle? ¿Cuántos de ellos cavaron una trinchera? ¿Cuántos de ellos supieron lo que significa pasar hambre en un hoyo infestado de ratas? ¿Cuántos de ellos pasaron noches de insomnio y terror, evitando las granadas, la metralla y las balas de las ametralladoras? ¿Cuántos de ellos esquivaron la bayoneta de un enemigo? ¿Cuántos de ellos fueron heridos o muertos en batalla?".


Fuente: Granma

dilluns, 24 d’octubre del 2011

El judío que supo de las intimidades nazis



Un judío alemán que se convirtió en traductor del ejército estadounidense es el último sobreviviente de un equipo que realizó exámenes psicológicos a importantes nazis después de la guerra. Él explica que aprendieron muy poco, pero obtuvieron un conocimiento único de sus personalidades.
"Si retiras los nombres de estos nazis, y sólo te sientas y hablas con ellos, eran como tus amigos y vecinos".

Howard Triest, de 88 años de edad, pasó muchas horas con algunos de los líderes más notorios del Tercer Reich, cuando trabajó como traductor de los psiquiatras estadounidenses en Nuremberg.
Era septiembre de 1945, poco después del fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa, y los más altos cargos de los nazis que seguían vivos iban a ser juzgados por crímenes de guerra.

"Había visto a esta gente en sus tiempos de gloria, cuando los nazis eran los dueños del mundo", cuenta. "Estos dirigentes habían matado a la mayoría de mi familia, pero ahora yo estaba en control".
Entre ellos estaban el jefe de Luftwaffe, la fuerza aérea alemana, Hermann Goering, el segundo de Hitler, Rudolf Hess, el propagandista nazi Julius Streicher y el ex comandante de Auschwitz Rudolf Hoess, entre otros.
"Es una sensación muy extraña, estar sentado en una celda con el hombre que sabes mató a tus padres", dice refiriéndose a Hoess.
"Lo tratamos con cortesía, mantuve mi odio bajo control cuando estaba trabajando allí. No podías dejar ver cómo te sentías realmente porque no sacarías nada de sus interrogatorios. Pero nunca le di la mano a ninguno de ellos".

Escapando de los nazis
Howard Triest era técnicamente alemán cuando se unió al ejército de EE.UU. Howard Triest nació en una familia judía en Munich, 1923, y ya era un adolescente cuando se intensificó la persecución nazi.
Su familia partió a Luxemburgo el 31 de agosto de 1939, el día antes que Alemania invadió Polonia, con la intención de seguir su viaje a Estados Unidos. Pero la falta de dinero les impidió realizar el viaje juntos. Así que él salió antes, en abril de 1940, sus padres y hermana menor lo seguirían un mes más tarde. Para sus padres, ese retraso resultó fatal. Su madre Ly, que entonces tenía 43 años de edad, y Berthold, de 56 años, fueron enviados más tarde de Francia a Auschwitz, donde murieron. Su hermana Margot fue contrabandeada hacia Suiza y de allí a Estados Unidos, donde todavía vive, como su hermano.
El intento de Howard de alistarse en el ejército de Estados Unidos fue frustrado en un principio porque no contaba con la nacionalidad de ese país, pero más tarde, en 1943, lo logró. Lo habían hecho ciudadano estadounidense.
Fue destinado a Europa. Aterrizó en Omaha Beach, uno o dos días después del Día D, y empezó a trabajar para la inteligencia militar, gracias a que hablaba alemán fluido, una destreza que se hacía más valiosa en la medida que los Aliados se adentraban en el continente hacia Berlín.
En el verano de 1945 fue dado de baja, pero inmediatamente después empezó a trabajar para el Departamento de Guerra de EE.UU. como civil, y fue enviado a Nuremberg para asistir al mayor Leon Goldensoh con sus evaluaciones psiquiátricas de los defendidos que esperaban un juicio.
Fue así como un hombre judío, que se había escapado de las garras de los nazis, llegó a pasar horas en su compañía, sentado con ellos en sus celdas, traduciendo las preguntas de los psiquiatras y sus respuestas.
El mayor Goldensohn estaba llevando a cabo diagnósticos con pruebas como las Rorschach, en un intento por entender las personalidades y motivaciones de los prisioneros.
Las memorias de Triest de esta experiencia fueron recogidas en un libro "Adentro de la prisión de Nuremberg", por la historiadora Helen Fry, que contiene bosquejos vívidos de estos personajes.

Hess, el zombi

"Goering seguía siendo un hombre pedante", recuerda Triest."Era el actor eterno, el hombre que estaba a cargo. Se consideraba a sí mismo como el prisionero número uno, porque Hitler y Himmler ya estaban muertos. Siempre quería la silla número uno en el tribunal". "Llegó a Nuremberg con ocho maletas, la mayoría llenas de drogas, pues era adicto, y le sorprendió que lo trataran como un prisionero y no como una personalidad famosa". Triest también tuvo contacto con Rudolf Hess, quien había sido el diputado de Hitler hasta que se escapó a Escocia, en mayo de 1941, donde fue capturado.
Recuerda que Hess era "como un zombi". "Hess pensaba que lo perseguían, incluso cuando estaba retenido en Inglaterra. Hizo paquetes de muestra de comida y nos daba algunos a mí y a los psiquiatras. Pedía que los analizáramos, pues pensaba que lo estaban envenenando".
"Era un prisionero callado, que respondió algunas preguntas pero no entró en detalles. Nadie sabía cuánto había de actuación y cuánto era real, cuanto realmente podía recordar".Dentro de sus obligaciones, Triest también estuvo cara a cara con Rudolf Hoess, fue de los encuentros más intensos por la muerte de sus padres en Auschwitz, cuando el campo de concentración estaba bajo el control de Hoess.
Los nazis más prominentes que quedaron vivos tras la Segunda Guerra Mundial fueron juzgados en Nuremberg. "Tanto Goldensohn como yo estuvimos con él muchas veces. Algunas veces yo estaba a solas con él en su celda", explica Triest.

"La gente me solía decir: 'puedes vengarte, puedes llevarte un cuchillo a su celda'. Pero la venganza estaba en que yo sabía que estaba tras las rejas y que sería colgado. Así que sabía que iba a morir de todas formas. Matarlo no me hubiera hecho ningún bien". Triest describe a Hoess como alguien "muy normal. No parecía alguien que había matado a dos o tres millones de personas". Un incidente extraordinario ocurrió con Julius Streicher, cuyo periódico Der Stuermer alimentó mucho la histeria antisemita entre los alemanes.
"Era el más grande antisemita. Lo entrevisté con otro psiquiatra, el mayor Douglas Kelley. Streicher tenía unos papeles que no le quería dar a Kelley, o a ninguna persona, porque decía que no quería que cayeran en manos judías".
"Finalmente me los dio. Yo era alto, rubio y de ojos azules. Él dijo 'se los daré al traductor porque sé que es un verdadero ario. Lo sé por la forma en que habla". "Streicher habló conmigo durante horas por que creía que yo era un 'verdadero ario'. Saqué mucho más de él de esa forma". De hecho, ninguno de los nazis para los que tradujo Triest supieron que era judío.

¿Lección aprendida?

Howard Triest espera que nunca se olvide la historia del Holocausto. Triest explica que, a pesar de los mejores esfuerzos de los psiquiatras, no se consiguió sacar mucho sobre la psicología de la mentalidad nazi. "¿Aprendimos algo de estas pruebas psiquiátricas? No. No encontramos nada anormal, nada que indicara algo que los hizo los asesinos que fueron". "De hecho, eran bastante normales. La maldad y la crueldad extrema pueden ir con la normalidad. Ninguno mostró remordimiento". "Dijeron que sabían que habían campamentos, pero no tenían conocimiento de la aniquilación de gente". "Es una lástima que no pasaron por lo mismo que sus víctimas, que Hoess no haya sufrido en un campo de concentración de la misma forma que sus prisioneros". Triest espera que nunca se olvide la historia del Holocausto. "Pero mira al mundo ahora. ¿Es más tranquilo? Algunas de las víctimas han cambiado, pero todavía las hay en todo el mundo".
Antes de terminar la entrevista, Triest cuenta otra anécdota sobre el prisionero número uno de Nuremberg.
"Una vez Goering dijo que si alguna bomba era lanzada en Berlín, comería arenque. Bueno, yo estaba a cargo de censurar su correo y una vez alguien le mandó arenque".
Howard se ríe suavemente. "Lo boté. Olía un poco".

Fuente; BBCMUNDO

dimarts, 11 d’octubre del 2011

Odyssey halla un nuevo tesoro bajo el mar valorado en 13 millones de euros



Los problemas de liquidez de los gobiernos obligan a sus responsables a buscar otras maneras de recaudar dinero. La recuperación de tesoros en el fondo del mar parece ser una de ellas, gracias a la actual tecnología.
Así, si a finales de septiembre la empresa Odyssey Marine Exploration confirmaba el hallazgo del carguero británico SS Gairsoppa, hundido por los alemanes en 1941 con más de 240 toneladas de lingotes de plata, hoy valorados en 150 millones de euros (el mayor hallazgo de la historia), este lunes la misma empresa ha confirmado la localización de un nuevo tesoro, en esta ocasión en aguas del Atlántico Norte.
El buque en cuestión es el británico Mantola, hundido por un torpedo alemán en 1917. Su carga es del 20 toneladas de plata, que se hallan a un kilómetro y medio de profundidad, y que tienen un valor en el mercado de 13 millones de euros, informa The New York Times en su edición digital.
Odyssey Marine Exploration confirmó visualmente la identidad del buque Mantola mediante los trabajos de un robot el mes pasado en una expedición. Esta expedición ha sido contratada por el Departamento Británico de Transporte (el sucesor del el Ministerio de la Guerra de transporte) para recuperar el tesoro perdido.
"Se nos presentan una gran cantidad de nuevas e interesantes oportunidades", ha explicado Greg Stemm, presidente ejecutivo de Odyssey, al diario estadounidense. El nuevo hallazgo es el segundo descubrimiento de la compañía de un naufragio en alta mar por el gobierno británico este año.
¿Cómo funciona la relación entre la empresa y los gobiernos? En el caso del Gobierno británico, las empresas privadas arriesgan su dinero en las costosas expediciones y en caso de éxito se dividen los beneficios. Odyssey se queda con el 80% del valor del tesoro y Reino Unido con el 20% restante. Tanto el Gairsoppa como el Mantola pertenecían a la Compañía Británica de la India.
El pasado septiembre, una corte de apelaciones de Estados Unidos ratificó hoy la decisión judicial que obligó a la Odyssey a devolver a España el tesoro de 500 millones de dólares que encontró en un buque español del siglo XIX hundido en el Atlántico, aunque la firma continúa luchando por su propiedad.

Fuente: lavanguardia

dimarts, 4 d’octubre del 2011

De nazis a agentes secretos



La decisión de los servicios secretos alemanes de abordar de forma abierta el pasado nazi de la inteligencia germano-occidental (BND) vuelve a dirigir las miradas hacia América Latina en cuanto que refugio de algunos de los criminales de guerra del Tercer Reich más buscados.
La desclasificación de documentos y la reciente creación de una comisión formada por cuatro prestigiosos historiadores para estudiar el pasado nazi del BND reflejan la voluntad de su presidente, Ernst Uhrlau, de arrojar luz sobre el funcionamiento del espionaje de la Alemania federal tras la II Guerra Mundial.
Los archivos del espionaje federal confirman que los servicios secretos ocultaron el paradero de muchos criminales nazis huidos de la justicia, muchos de ellos a Latinoamérica, para convertirlos en algunos casos en sus agentes.
El semanario "Der Spiegel" publicaba recientemente que Walther Rauff, coordinador y responsable de unidades móviles de cámaras de gas desarrolladas por él mismo en la Alemania nazi, colaboró entre 1958 y 1962 con el BND cuando residía en Chile para espiar al líder cubano Fidel Castro.
A pesar de conocer perfectamente el pasado de Rauff, reclamado por la justicia germana por la muerte de unos 98.000 prisioneros durante el nazismo, el espionaje federal no dudó en requerir sus servicios, por los que percibió 70.000 marcos alemanes.
Rauff, que se estableció como hombre de negocios en Chile tras pasar una temporada en Siria y Ecuador, fue detenido en 1962 por solicitud de Alemania, pero el proceso acabó sobreseído porque la justicia del país latinoamericano -donde murió en 1984- consideró que sus crímenes habían prescrito.
También Klaus Barbie, apodado "el carnicero de Lyon", jefe de la Gestapo en la Francia ocupada, fue reclutado por la inteligencia germano-occidental en 1966 en Bolivia, donde residía desde 1951.
El BND, que entonces ampliaba internacionalmente su red de agentes, seguía atentamente el desarrollo en Bolivia al tiempo que Occidente temía que el país cayera bajo influencia soviética, como Cuba, si el pueblo se alzaba contra los militares.
Barbie, requerido por el BND por su "ideología alemana" y decidido "anticomunismo", elaboró para los servicios secretos 35 informes en total, cuyo contenido se desconoce.
No obstante se sabe que Barbie asumió pocas semanas después de su reclutamiento la representación en Bolivia de una empresa alemana de venta de excedentes de armamento del Ejército germano, lo que le permitía informar de cuándo los bolivianos andaban escasos de armas o munición.
El BND rompió con su colaborador a finales de 1967, por considerar peligroso ese vínculo, y en 1983 Barbie fue expulsado de Bolivia y entregado a Francia.
El "carnicero de Lyon", cuyos restos fueron enterrados en Cochabamba (Bolivia), murió en 1991 de leucemia en una prisión francesa, donde cumplía cadena perpetua por crímenes como la deportación de 800 personas, incluidos 44 niños judíos.
Otro de los fugitivos nazis más buscados, Josef Mengele, conocido como "ángel de la muerte" por sus experimentos con prisioneros en el campo de exterminio de Auschwitz, acabó sus días oculto en un país latinoamericano, Brasil, después de pasar por Argentina y Paraguay.
Aunque se había especulado con la posibilidad de que también Mengele hubiera sido reclutado por la inteligencia germano-occidental, los expedientes recientemente desclasificados establecen que no sólo no cooperó con el BND, sino que este organismo participó activamente en dar con su paradero.
En 1961, los servicios secretos germanos ya lo situaban en Brasil -donde falleció en 1979-, pero nunca se le llegó a detener, y en 1972 el BND reportó a la Cancillería federal que desconocía "dónde está actualmente" e incluso "si sigue con vida".
Los expedientes revelan también que el espionaje alemán ocultó durante años el paradero en Argentina de Adolf Eichmann, artífice del plan de exterminio de los judíos de Europa.
Según filtraciones difundidas por la prensa alemana, el BND conocía el paradero de Eichmann desde 1952, pero no informó a la CIA hasta 1958.
El criminal nazi fue secuestrado en mayo de 1960 por los servicios secretos israelíes, el Mossad, en Buenos Aires, y ejecutado dos años después en Israel.
La comisión de historiadores, que cuenta con un plazo de cuatro años para estudiar los expedientes de los servicios secretos federales, centrará su investigación en los años comprendidos entre 1945 y 1968, periodo que precedió a la creación del BND.
Durante ese periodo funcionaron los servicios de la llamada "Organización Gehlen", por el nombre de su jefe, el antiguo general de la Wehrmacht Reinhard Gehlen, que anteriormente había sido responsable del espionaje exterior nazi.

Fuente: Levante

dilluns, 1 d’agost del 2011

Batallón 601: el ‘Escuadrón de los Millonarios’


Un grupo de jóvenes aristócratas se encontraba entre los elegidos por la RAF (Royal Air Force) para servir a su patria en uno de los escuadrones aéreos cuyos resultados fueron altamente efectivos: el Batallón 601. Sus integrantes eran excéntricos, deportistas y amantes de la juerga y la aventura; tampoco temían al riesgo y ponían en peligro sus vidas misión tras misión. No obstante, poseían una característica en común más llamativa: tenían dinero, mucho dinero.
La idea de formar el escuadrón salió de Lord Grosvenor, un miembro de la aristocracia británica que realizó el "reclutamiento" de sus hombres en el club White's, un exclusivo lugar de acceso restringido en el que se reunían los caballeros más selectos de Londres.
Lord Grosvenor era conocedor de cómo los candidatos eran jóvenes despreocupados, de buena cuna y con un gran afán de aventura, sobre todo de juergas.
Quiso medir la capacidad de aguante de los aspirantes, no solo realizando esfuerzos físicos, sino evaluando hasta qué punto eran capaces de comportarse bajos los efectos del alcohol. Por este motivo, una de las pruebas consistía en hacerles beber una gran cantidad de gintonics para comprobar si tras la ingesta de alcohol eran capaces de seguir comportándose como auténticos caballeros.
Fue un batallón exclusivo y elitista, al que se le conoció como "el Escuadrón de los Millonarios". Una de sus particularidades se basaba en que muchos de los aviones eran de propiedad privada y pertenecían a los pilotos; también hacían notar sus excentricidades vistiendo vistosas americanas rojas.
Tras el estallido de la II Guerra Mundial, al batallón 601 se le fueron incorporando otros pilotos, entre los que se encontraban jóvenes deportistas y aventureros que, aunque no pertenecían a la aristocracia, le dieron al escuadrón el equilibrio exacto para ser considerado como uno de los mejores y más efectivos de la RAF durante la guerra.
No obstante, no todo fue aventura, risas, juegas y diversión. De un total de 20 componentes, 11 de ellos perdieron la vida en acto de servicio. En su honor se erigió un memorial donde se le rinden los homenajes año tras año.
En 1957 el escuadrón fue oficialmente disuelto, pero en 1991, un grupo de aficionados a la aeronáutica y antiguos pilotos decidieron volver a crear el Batallón 601 reuniéndose periódicamente y recreando las aventuras que, medio siglo atrás, vivieron los verdaderos integrantes del "Escuadrón de los Millonarios".

Fuente: Alfred López

dilluns, 27 de juny del 2011

Alemanes sabían lo que ocurría en los campos de concentración


Cualquier alemán que vivió durante el Tercer Reich podía saber y posiblemente sabía lo que estaba pasando en los campos de concentración nazis. El diario personal que un funcionario alemán, Friedrich Kellner, escribió entre 1939 y 1945 demuestra que el ciudadano medio alemán conocía los crímenes nazis, era consciente de estar viviendo en un “Estado del terror“, y callaba.
Durante los juicios de desnazificación y en toda una escuela de literatura y cinematografía de la segunda mitad del siglo XX se ha ido imponiendo la imagen de un pueblo alemán que apenas era capaz de entrever lo que estaba haciendo Hitler y que no era consciente del material que componían las cenizas esparcidas desde las chimeneas de los hornos crematorios.
El hallazgo y publicación del diario de este funcionario judicial que trabajaba en Laubach, Hesse, ofrece sin embargo una respuesta diferente a la pregunta que historiadores y filósofos alemanes siguen haciéndose hoy en día: ¿qué podía saber el individuo anónimo y en qué medida, por tanto, puede ser considerado responsable? Y la respuesta es quizá no conocían a fondo los detalles técnicos, pero sí comprendían las líneas directrices de la política nazi, sus objetivos y los medios que utilizaban.
Kellner refiere conversaciones mantenidas al azar y cita fuentes de acceso público como periódicos y programas de radio y en menos de un año de gobierno nazi ya había llegado a una conclusión certera. “Está claro, se trata del exterminio de los judíos y los polacos“, escribe horrorizado. Especialmente irónicos son sus comentarios sobre las noticias y partes de guerra en los que descubre con enorme facilidad el material de propaganda del régimen, cuya escasa coherencia planteaba dudas a cualquier análisis medianamente crítico.
El 1 de septiembre de 1940 anota: “Si debemos creer lo que leemos todos los días en los periódicos, nuestros aviadores van de paseo. El enemigo impacta solamente en cielo abierto, además de en cementerios y hospitales. Y cuando muere un piloto, nos dicen que ha sido a causa de un ataque aéreo pirata inglés. Y repiten que la intención de nuestros vuelos no es la de llevar a cabo ataques aéreos. Si no queremos ataques aéreos, ¿para qué estamos en guerra?”, se pregunta.
Kellner desarrolla tretas para burlar lo que califica como “una propaganda cada día más agresiva”. Ante la falta de información sobre bajas alemanas en la guerra, cuenta en octubre de 1941 las esquelas del periódico ‘Hamburger Fremdenblatt’, 281, y calcula multiplicando esta cifra por los 250 diarios que publican esquelas en Alemania, una media de 30.000 muertos al mes, anotando que “la cifra debe ser aún más alta, porque muchos soldados rasos no reciben el honor de una esquela”.
Las 900 páginas de anotaciones de Kellner difieren de otras publicadas anteriormente como las del Darl Dürkefälder o Victor Klemperer, en que el autor no era un intelectual ni disfrutaba de una situación económica desahogada.
Nació en 1885 en Vaihingen an der Enz, cerca de Stuttgart. Su padre trabajaba como panadero, su madre como empleada doméstica. En 1903 comenzó su formación como oficial jurídico en Maguncia y después de haber cumplido con el servicio militar obligatorio encontró empleo en la corte de Maguncia. Allí trabajó hasta 1932 y ascendió al puesto de inspector judicial provisional. Su padre había simpatizado con el socialismo y Kellner constata en las notas su estupefacción por el hecho de que la República de Weimar hubiera derivado en el nazismo con tan terribles consecuencias.
El diario ha permanecido en poder de la familia y acaba de ser publicado en dos volúmenes bajo el título ‘Cuando está nublado, todos los cerebros oscurecen‘ por la editorial Wallenstein, de Göttingen.

Fuente: Ultimahoraonline

dilluns, 20 de juny del 2011

Sans culottes


Si algo tiene de bueno la Historia es que te permite establecer paralelismos entre la actualidad y los sucesos del pasado. Es bueno volver atrás la mirada y ver qué hicieron los de antes para evitar cometer los mismos errores que ellos.

En la Francia de finales del siglo XVIII la gente no es que viviera mal: es que ya no se podía vivir. El país languidecía en la miseria mientras los mismos gobernantes que lo habían arruinado seguían con su escandaloso tren de vida, entre fiestas, cacerías y carísimos vestidos y muebles que pagaban con cargo a la hacienda pública.

Indudablemente, no podemos decir que aquella situación fuera como la presente, pero tiene sus semejanzas. Los indignados de entonces, curiosamente, no eran la gran masa campesina, desconectada de los movimientos urbanos y sometida a los ritmos de la tierra y el capricho de sus amos. No, los indignados de la Francia prerrevolucionaria eran los pequeños comerciantes, los artesanos, los tenderos, gentes de la ciudad, con pocas propiedades, que vivían de su trabajo diario.

Puesto que el dinero no les llegaba para ir a la moda, los hombres de clase baja prescindían de los culottes, aquellos pantalones ajustados que quedaban por encima de la rodilla. Poco a poco, la forma de vestir de la gente humilde, que delataba su baja condición, se fue convirtiendo en un símbolo de identidad social: los sans culottes.

La Revolución Francesa no hubiera sido posible sin los sans culottes. Fueron ellos los que tomaron y derribaron a sangre y fuego la fortaleza de la Bastilla, los que defendieron a la Asamblea Nacional de los intentos realistas por acabar con ella. También fueron los que, mal armados y peor entrenados, defendieron las fronteras del país ante las invasiones extranjeras. Los sans culottes fueron, en definitiva y literalmente, la carne de cañón gracias a la cual hoy vivimos en la Edad Contemporánea.

Pero como todas las revoluciones, llega un momento en que surge del caos un nuevo orden, y con él la necesidad de acabar con los excesos callejeros. A los sans culottes, ya muy castigados durante el Terror de Robespierre y sus amigos, les llegó su San Martín particular cuando el Directorio dictó su disolución y mandó a la guillotina a no pocos de sus miembros durante el llamado Terror Blanco. Ni para los jacobinos ni para el Directorio se trataba de un grupo social cómodo, debido a su falta de estructura jerárquica y a la imprevisibilidad de sus acciones.
Y ahora, que cada uno saque los paralelismos que les resulten más simpáticos.

Fuente: Hispa

dilluns, 6 de juny del 2011

La matanza que terminó con el mundo judío de Bagdad


El 1 de junio de 1941, una matanza de judíos inspirada en el nazismo ocurrió en Bagdad, poniendo fin a dos milenios de coexistencia pacífica para la minoría judía de esa ciudad.
Algunos de los testigos de ese hecho retienen vívidos recuerdos a pesar de las siete décadas que han pasado.
Heskel Haddad, un niño de 11 años, estaba terminando su comida y se disponía a celebrar el festival judío de Shavout, sin siquiera sospechar que una multitud enardecida se aprestaba a apoderarse de la ciudad.
Miles de iraquíes musulmanes armados empezaron a arrasarlo todo, con espadas, cuchillos y armas de fuego.
Los dos días de violencia que siguieron son conocidos como el Farhud (que en árabe significa "la expropiación violenta"). Cerca de 800 judíos murieron, con los que se puso fin a una comunidad hebrea que databa del tiempo de Babilonia.
"Durante la primera noche de Shavuot, normalmente vamos a la sinagoga y nos quedamos la noche entera estudiando la Tora", dice Haddad, hoy un experimentado oftalmólogo en Nueva York.
"De repente, escuchamos gritos, "Alá, Alá" y sentimos disparos. Salimos al techo para ver qué estaba pasando, vimos los incendios y al resto de la gente subida a los tejados del ghetto dando alaridos, rogándole a Dios que los ayudara".
La violencia continuó durante la noche. Una mano roja, o hamsa, estaba pintada en las casas judías para destacarlas del resto. Las familias tenían que defenderse a como diera lugar.
Haddad recuerda los asaltantes que venían por la calle en la madrugada, y el momento en que observó desde el techo como empezaron a saquear la casa del vecino.
"Mi padre tenía un puñal en la mano para impedir que la gente nos atacara en el techo. Se me ocurrió una idea, rompí algunos ladrillos de las paredes y empecé a lanzarlos hacia abajo. Otros niños vinieron y comenzaron a lanzarles piedras a esta gente.
"Cuando le acertábamos a alguien y empezaba a sangrar, gritaban "Alá" y se iban. Y dejaban atrás lo que querían llevarse".
Algunas familias sobornaron a policías para que hicieran guardia, pagándoles medio dinar por cada bala que disparaban. Otros les deben la vida a musulmanes que asumieron grandes riesgos para protegerlos.En una calle cercana, en un barrio donde residían judíos y musulmanes, vivía Steve Acre con su madre, viuda, y ocho hermanos, en una casa de propiedad de un musulmán.
Steve Acre vio desde una palmera cómo su vecino musulmán salvaba a su familia.
Acre, hoy de 79 años, quien vive en Montreal, Canadá, se subió a una palmera el patio cuando comenzó la violencia. Todavía recuerda el grito "Cutal al yehud", que se traduce como "muerte a los judíos".
Desde el árbol, podía ver al dueño de la casa sentado frente a la fachada.
"Cuando la muchedumbre llegó hasta la casa, él les dijo que éramos huérfanos que se habían refugiado en esa casa y que no podían tocarnos. Si querían hacerlo, debían matarlo a él primero. Así que, suerte para nosotros, la muchedumbre siguió su camino, hacia otras casas", recuerda.
Entonces, los hombres cruzaron la calle y comenzaron a salir gritos de la casa de la mejor amiga de su madre.
"Más tarde, un grupo de hombres salió del inmueble y le prendieron fuego. Los hombres gritaban de alegría, alborozados, levantando en las manos algo que parecía un trozo de carne.
"Después, me enteré de que lo que llevaban era un seno. Le habían cortado el seno, la habían torturado antes de matarla: era Sabicha, la mejor amiga de mi madre.
Hasta el Farhud, Bagdad había sido un modelo de coexistencia pacífica entre judíos y árabes. Los judíos constituían un tercio de la población de la ciudad en 1941, y muchos de ellos se consideraban iraquíes primero y judíos, después.
Un mes antes, un abogado pronazi, Rashid Ali al-Gilani, había derrocado a la familia real de Irak y había comenzado a transmitir propaganda nazi por radio.
Sin embargo, se vio obligado a huir en medio de la humillación, luego de que fracasara un ataque contra una base de la Fuerza Aérea Británica, en las afueras de Bagdad.El Farhud tuvo lugar en el vacío de poder que se produjo después.
En un trágico giro de los acontecimientos, resulta que el ejército británico podría haber intervenido para detener la violencia. La matanza precipitó la emigración de la mayoría de la comunidad judía de Bagdad. El 1 de junio, la caballería británica estaba a sólo 15 km de la ciudad, habiendo recorrido otros 1.000 km desde Palestina y Egipto con las órdenes de impedir que el petróleo iraquí cayera en manos de los nazis.
"Para verguenza de Gran Bretaña, el ejército no fue desplegado", dice el historiador Tony Rocca, coautor, junto a la sobreviviente del Farhud Violette Samash, del libro Recuerdos de Eden.
"Kinahan Cornwallis, el embajador británico en Bagdad, por razones propias, mantuvo nuestras fuerzas inmovilizadas en directa insubordinación respecto a las órdenes expresas de Winston Churchill de tomar la ciudad y garantizar la seguridad."En vez de eso, Cornwallis se fue a su residencia a cenar y a jugar al bridge".
Finalmente, el alcalde de Bagdad y la policía leal a la monarquía tomaron medidas para detener la violencia, e impusieron un toque de queda a las 5 de la tarde del 2 de junio.
Después del Farhud, la vida cambió radicalmente para los judíos de la ciudad. Hasta ese momento, Haddad había tenido muchos amigos musulmanes.
"De pronto, mi actitud cambió. Ya no me sentía iraquí. Sentía que era judío y me juré que mataría a un árabe", dice.
Un día, mientras nadaba en el río Tigris, vio que un hombre se estaba ahogando y ayudó a llevarlo a la orilla de manera casi instintiva.
"Cuandó volví a casa estaba conmocionado. No porque hubiera salvado al hombre sino porque no cumplí mi juramento de matar a un árabe. Fui a ver al rabino y me dijo que no se podía hacer un juramento para matar, sino sólo para ayudar.
"Eso fue lo que me estimuló a seguir medicina. Sabía que quería salvar vidas, no liquidarlas." El antisemitismo que Hitler había exportado exitosamente a Irak hizo la vida insoportable para la comunidad judía. Había arrestos frecuentes sobre la base de falsas acusaciones de espionaje y ejecuciones públicas de judíos prominentes. Morris Zebaiba, un sobreviviente que vive en Londres, dice: "Aprendimos a vivir como los ratones. Si no lo hacíamos, nos escupían o arrestaban". "Kinahan Cornwallis, el embajador británico en Bagdad, por razones propias, mantuvo nuestras fuerzas inmovilizadas en directa insubordinación respecto a las órdenes expresas de Winston Churchill de tomar la ciudad y garantizar la seguridad."
En 1950, los judíos fueron finalmente autorizados a abandonar Irak, a condición de que dejaran atrás todas sus propiedades y posesiones, incluyendo cuentas de banco. Para 1952, sólo 2.000 de los 150.000 judíos permanecían en el país.
Acre y Haddad todavía sienten una persistente desconfianza de los británicos por no haber detenido la violencia. Para Haddad, otra herencia del Farhud es una contradictoria actitud hacia los musulmanes iraquíes. Como médico, ha operado gratis a iraquíes heridos, ha visitado Irak como asesor del gobierno, y es descrito por el embajador iraquí en Washington como "el mejor iraquí que conozco".
Pero a la vez que tiene muchos amigos que son iraquíes musulmanes, se mantiene en guardia en presencia de otros. "Tengo ese sentimiento, una especie de desconfianza que me viene del Farhud." dice
"Es algo emocional que no se puede erradicar fácilmente".

Fuente: BBC MUNDO

dijous, 17 de febrer del 2011

El farmacéutico de Auschwitz

Isabel Navarro. Los trenes de mercancías llegaban cargados de deportados, y un simple farmacéutico -un hombre gris y anodino- ejercía el terror en la rampa. Sin acritud, con amabilidad, decidía quién debía ir a la cámara de gas y quién era apto para el trabajo de Auschwitz. El escritor de origen rumano Dieter Schlesak hace un retrato del hombre que cumplía órdenes, y nunca las cuestionó.
Un rostro anodino, hinchado, bien alimentado. Un hombre banal, un visitador médico, un buen bailarín, un afable vecino, un trabajador nato, un SS eficaz, un asesino, un genocida, un hombre («si es que esto es un hombre»). Tan «solo» el encargado de decidir a la llegada de los trenes quién merecía vivir y quién se sumaba a la cola de las vidas estériles, el cancerbero de la rampa, el dedo que señalaba a los recién llegados la dirección a la cámara de gas, o bien, si aún servían para esclavos, el camino al infierno de Auschwitz. Victor Capesius lo hacía con la amabilidad de los buenos empleados, con la mentira profesional (un perro no necesita saber que lo van a matar, solo que lo maten). «Los hombres, a la derecha; las mujeres, a la izquierda»; después, Capesius avanzaba entre las masas enviando, a un lado, a las personas de apariencia frágil, a los mayores y a las madres con bebés y, al otro, a las personas fuertes y jóvenes, sobre todo hombres.
Quienes se quejaban de ser separados de sus ancianos padres,de sus hijos o de sus mujeres eran tranquilizados con grandilocuentes palabras; se les decía que la separación era necesaria porque aún tenían que andar unos diez kilómetros y a los débiles iban a llevarlos en coches. Así que unos y otros se marchaban, dóciles, con la esperanza de volver a verse. No se lo imaginaban, no podían imaginárselo. ¿Quién podría prever una deshumanización tan sofisticada?.
Dieter Schlesak, el autor de El farmacéutico de Auschwitz (editorial Seix Barral), es húngaro como Capesius, a quien conoció y trató, pero para su libro no solo habló con él, sino también con las víctimas que identificaron y acusaron al farmacéutico durante el Proceso de Fráncfort (1964-1966), un proceso realizado 18 años después del de Nuremberg, sin jueces extranjeros ni bajo leyes internacionales, y con la indiferencia de parte de la población. Está considerado como el juicio más importante de la historia alemana, ya que sentó en el banquillo no a los autores, sino a los cómplices, ayudantes y miembros de la segunda línea involucrados en el genocidio de Auschwitz. Fueron condenados 22 criminales considerados hasta entonces invisibles, como Capesius, que, con todo, salió «ileso»: solo nueve años de condena.
«Declarábamos con un micrófono en mano, con ayuda de tranquilizantes -cuenta la superviviente de Auschwitz Ella Salomon-. Cada palabra nos hería y Laternser, el abogado de Capesius, era muy ofensivo y nos abrumó con preguntas desconcertantes. Cuando me interrogó por el número que llevaba tatuado, yo ya no me lo sabía de memoria y me miró con burlona aversión. Fue humillante.»
Dice Dieter Schlesak que el Capesius anciano llegó a confesarle que al principio vomitaba. «Cuando uno ve la miseria, es tan deprimente..., pero luego uno se acostumbra.» Y la fuerza de la costumbre es poderosa. En sus declaraciones, el farmacéutico no tiene el menor sentimiento de culpa, de rechazo o de horror por lo que ha visto o en lo que ha participado: él considera que «debía» hacerlo. Solo recuerda las órdenes, los pelotones, los destinos, las fechas, los números, el calendario, los detalles burocráticos, unívocos y comprensibles, que para él significan la realidad. Todo lo demás son tonterías, dice, «poesía». Según las actas del Proceso de Fráncfort, Capesius nació el 7 de febrero de 1907 en Transilvania. Casado con una colega de profesión, Friederike Capesius, tuvo con ella tres hijas. Hijo de un médico jefe, su pasaporte genealógico demuestra antepasados arios hasta el siglo XVIII. Fue miembro de la SS de agosto de 1943 a mayo de 1945. A partir del ascenso a mayor, en su currículum oficial se produce un vacío: Auschwitz, donde se hace cargo de la farmacia de la SS. Custodia el Zyklon B, el gas de las cámaras, y en la rampa aprovecha los registros en busca de medicinas de las maletas de los condenados para hacer su propia fortuna sisando oro.
Cada vez que llegaba un transporte de judíos a Birkenau, Hölblinger -el chófer de la ambulancia de campo (con el símbolo de la Cruz Roja)- conducía a los médicos y los sanitarios hasta la rampa y después hasta las cámaras de gas. Allí los sanitarios, con máscaras, subían una escalera y vaciaban las latas de Zyklon B. Eran Capesius y Josef Klehr, un carpintero convertido en sanitario. Klehr rompía el cierre de patente de la lata y vertía el gas en la abertura, pero siempre después de que un médico de la SS diera la orden de matar. Capesius, muy riguroso con el procedimiento, seguía por la mirilla la muerte de los prisioneros.
Algunos testigos sostienen que el farmacéutico era «imparcial», «objetivo», pero también codicioso. El 5 de octubre de 1950, olvidado el infierno de Auschwitz, Capesius abrió su propia farmacia en Göppingen (Alemania) y, más tarde, un centro de cosmética en Reutlingen. En 1958, durante el milagro económico, alcanzó unas ventas de 400.000 marcos alemanes. Antes, en 1947, un antiguo prisionero lo reconoció, pero todo acabó en nada: no hubo pruebas. Sin embargo, durante el Proceso de Fráncfort, le preguntaron dónde había conseguido el dinero para su negocio. «¿No apesta a ceniza y humo?» Él, impasible, dijo: «No se me puede reprochar nada».
La farmacia de la SS se encontraba en una casa de obra fuera del campo principal de Auschwitz. La casa disponía de planta baja, primer piso y una buhardilla donde se almacenaban y seleccionaban los equipajes de los médicos y farmacéuticos judíos que llegaban al campo. Uno de ellos, Ferdinand Grosz, contó que Capesius trabajaba tres veces a la semana «en la rampa [recibiendo a los deportados] y, en lo que se refiere a las medicinas, solo le interesaban en tanto podía encontrar joyas escondidas en las pomadas y los tubos de pasta dentífrica».
La mayoría de los testigos acusa a Capesius de haber participado en las selecciones de la rampa a finales de mayo de 1944, en Pentecostés, la fecha clave de los transportes húngaros desde Transilvania y el punto álgido de la acción de exterminio de Auschwitz. Durante aquella semana, cada día llegaban entre 10.000 y 15.000 personas a la rampa y, en ocasiones, eran gaseadas 9.000 al día, aunque algunos testigos hablan incluso de más de 20.000 gaseados diarios. Según el superviviente Josef Glük, Capesius seleccionó a finales de agosto de 1944, con el médico del campo, Josef Menguele, unos 1.200 jóvenes judíos sanos de Hungría.
Sin embargo, Capesius afirmó que eso no era cierto, que lo confundían con el doctor Klein de Leiden, un convencido nazi, alistado en la SS con 55 años. En los años 60, cuando se produjeron los juicios, Klein ya estaba muerto y Capesius se libró de la pena capital gracias a la pericia de su abogado, que logró que algunos testigos confundieran a Capesius con Klein. Al farmacéutico también lo ayudó el hecho de que Klehr, el carpintero, se declarara culpable de suministrar el Zyklon B en las cámaras, por lo que también quedó exculpado de gasear: las pruebas contra él no eran determinantes.
«Aquella gente que llegó de Rumanía al juicio para acusarme mentía -dijo Capesius a Schlesak, en su plácido retiro alemán en Göpingen-. Todos decían conocerme, pero eran extraños, los habían comprado. Estaban allí para hacer propaganda comunista. Todos venían de la Europa comunista y fueron los que me entregaron!»
Poco antes de la llegada del Ejército Rojo, el gris Capesius huyó hasta Berlín con Rudolf Höb -el comandante del campo- y se reunieron con Himmler, que les dio instrucciones y, pese a que todo estaba perdido, esperanzas. «Al final estuve muy cerca de él...», dijo Capesius, sin ocultar un cierto orgullo provinciano de alemán de Transilvania...
Al final de la guerra, como todos los que participaron en el exterminio, Capesius no sentía culpa, sino miedo. Nunca vergüenza. Tampoco cuando poco a poco se supo qué había pasado: el caparazón de la defensa interior y de la justificación de aquellos hombres era de acero. Su abogado formuló su defensa basándose en dos argumentos: que Capesius fue forzado a hacer lo que hizo y no estaba en condiciones de saber que aquello era criminalmente injusto; y que la selección en la rampa de personas físicamente aptas había sido en realidad una operación de rescate, porque, de lo contrario, todos los que llegaban habrían sido exterminados. Una manera de retorcer la realidad que resultó muy útil jurídicamente y, aun peor, socialmente: Capesius, como el resto de los juzgados en Fráncfort, vivió tranquilamente con su propio nombre y la solidaridad de sus vecinos hasta 1985.

divendres, 4 de febrer del 2011

“Después de Chernóbil, seguimos viviendo como siempre”

periodismohumano.com  100 kilómetros alrededor de Chernóbil. Ése fue el espacio sobre el que se extendió la zona de exclusión tras la catástrofe nuclear de 1986. Los residentes en los 30 primeros tuvieron que hacer las maletas y marcharse. Entre el kilómetro 30 y el 100, el abandono se dejó a la libre voluntad de desinformados ciudadanos.
“Nos enteramos de lo que había pasado tres o cuatro días después del accidente”, narra Tatsiana Wyschywaniuk, “entonces, las autoridades nos pidieron que cogiéramos lo estrictamente necesario- una toalla, un trozo de jabón…- porque nos iban a evacuar”. Aunque perteneciente al país vecino, la central de Chernóbil estaba situada en la frontera entre Ucrania y Bielorrusia. El Ministerio de Medio Ambiente en Minsk calcula que un cuarto de su territorio se vio afectado por la explosión del reactor cuatro.
A mediados de los 80, Wyschywaniuk residía en Retchitsa, a 70 kilómetros del lugar de la tragedia, en suelo bielorruso. “Nuestra ciudad tenía unos 50.000 habitantes. Cuando nos habíamos reunido todos en el punto de encuentro indicado para el traslado, nos dijeron de que éste no tendría lugar. Entre la gente cundió el pánico. Fueron unos momentos horribles. No sabíamos a qué clase de peligro se nos estaba exponiendo”, recuerda. Hubo quien decidió irse por su cuenta, “pero yo no sabía a dónde, así que me quedé. Y seguí con mi vida. Terminé mis estudios, me puse a trabajar, tuve hijos, ¿qué otra cosa podía hacer?”.
La familia de Wyschywaniuk sufre hoy los efectos de la radiación. Cómo se manifiestan exactamente prefiere no contarlo. “De todas maneras, ya no se puede cambiar”, dice, “lo único que quiero mencionar es que mi hijo tiene migrañas y problemas respiratorios y nadie les ha encontrado otra explicación que no sea la radioactividad”.
A veces, la radioactividad hace que las dolencias menores se agraven, cuenta Nadeschda Drosdik que le ha dicho el médico. Su hija padece una neumonía crónica. También Drosdik procede originariamente de Retchitsa. “La información que recibimos tras el desastre fue nula”, se queja, “y continuamos con nuestro día a día, ordeñando nuestras vacas y bebiéndonos su leche”.
Pero el destino que tan duramente las golpeó tenía reservada una pequeña compensación para Wyschywaniuk y Drosdik. Financiado con fondos extranjeros, en 1990 se puso en marcha un proyecto para construir a unas dos horas de Minsk un pueblo ecológico. Sus vecinos debían ser exclusivamente afectados por el accidente de Chernóbil que no tuvieran cómo alejarse de la región contaminada. Cada casa es aquí cien por cien sostenible. La ONG Heimstatt Tschernobyl cubre los costes de la edificación; las obras en sí, siguiendo técnicas específicas, son tarea de los futuros inquilinos. Sólo cuando hay dinero y capacidad se levantan en Drushnaja nuevas viviendas. Y eso convierte a cada uno de sus habitantes en un privilegiado.
“Yo me enteré del proyecto por el periódico. Les escribí, me mandaron un formulario, lo rellené y un poco después me comunicaron que mi solicitud había sido aceptada”, explica Wyschywaniuk. Entre 1998 y 1999 trabajó en la que ahora es su casa. En 2000, se mudó definitivamente. La compañía de productos agrarios en la que estaba empleada en su ciudad natal la sustituyó por la cooperativa que en esta aldea elabora el carrizo que se utiliza como aislante para los inmuebles. Encontrar una ocupación con la que poder iniciar una nueva existencia es el principal reto al que se enfrentan quienes obtienen un hogar aquí. La mayoría intenta sacarle provecho a aquello que sabe. Liudmila Patsko, por ejemplo, trabajaba en el museo de Chojniki, una localidad a unos 40 kilómetros de Chernóbil. Ahora, se encarga de mantener viva la historia de Drushnaja.
“Esta región fue tomada en septiembre de 1914 por las tropas alemanas. El frente se instaló aquí; aquí estaban las trincheras; aquí se usó por primera vez el gas tóxico en el Este; aquí murió la unidad completa de kazajos. Rusos y alemanes se combatieron aquí a lo largo de tres años durante la I Guerra Mundial”, expone Patsko, “miles de vidas se perdieron en este lugar. Hay gente que dice que no es bueno levantar casas donde se ha derramado sangre. Por eso, me puse a buscar en los archivos los sitios exactos en los que se habían librado batallas”.
La búsqueda se convirtió en un afán reconstructor en toda regla. Patsko recolecta cuanto objeto encuentra de la primera Gran Guerra- botellas, cascos, utensilios varios e incluso huesos-, salva para la posteridad testimonios y documentos y se encarga del cuidado de las tumbas de un cementerio cercano, en el que yacen los restos mortales de unos 3.000 soldados alemanes. “Se debería erigir un monumento en recuerdo a los fallecidos”, exige, y ha convertido esta demanda en su labor personal y en su función dentro de la joven comunidad de Drushnaja.
A nadie en el pequeño pueblo de refugiados de Chernóbil le gustan los nuevos planes atómicos del Gobierno bielorruso. La resistencia, no obstante, parece inútil: la puesta en marcha de la primera central nuclear del país, dotada de dos reactores y una capacidad de 2.000 megavatios, está decidida por decreto y lleva la indeleble firma del presidente, Alexander Lukashenko.
Belarús quiere librarse de la dependencia de Rusia, de la que recibe más del 90 por ciento de la energía que consume. En vista de que las relaciones con el gran hermano del norte se deterioran, Minsk busca alternativas. La nuclear es barata y, además, ahora puede venderse como ecológica: “las energías renovables no están muy extendidas en nuestro país”, justifica Alexander Ratschevksij, del Ministerio de Medio Ambiente bielorruso, “y la atómica es una opción limpia”. Limpia, salvo en los 100 kilómetros que rodean Chernóbil.

dimecres, 2 de febrer del 2011

"En América, más que historia se enseña mitología"

El embajador de Nicaragua sostiene en Cádiz que los procesos independentistas posteriores al Doce "son la raíz de las desigualdades y el atraso en Latinoamérica".



J.M. Sánchez Reyes.  El embajador de Nicaragua en España, Augusto Zamora, participó ayer en la Semana Constitucional organizada por el Ayuntamiento, pronunciando la conferencia 'Latinoamérica, 200 años después'. El diplomático desmitificó los procesos independentistas y reconoció que el Bicentenario de Cádiz se ve en América como "algo lejano".
-¿Qué puede usted contar de Latinoamérica 200 años después?
-Latinoamérica, a excepción del África subsahariana, es la región más atrasada del mundo. Me pregunté las causas mientras estados de reciente independencia como Corea, Singapur o Tailandia han alcanzado en sólo 40 años niveles de desarrollo comparables con las economías más avanzadas. Y en mis investigaciones fui a parar al periodo de las independencias y me encontré con que ahí está la raíz de muchos de los males que aún hoy siguen lastrando el desarrollo latinoamericano. Es una visión del pasado, para entender el presente y avanzar al futuro. Porque fenómenos tales como la tenencia de la tierra, la nunca realizada revolución agraria o la ausencia de desarrollo científico-técnico encuentran su explicación en el periodo de la independencia y lo que ocurrió en la década subsiguiente.
-Usted ha señalado en más de una ocasión que es un mito que las independencias americanas liberaran a los pueblos de sus opresores.
-Es una absoluta falacia que no se sostiene en investigaciones históricas. Para las poblaciones indígenas la independencia fue una auténtica tragedia, porque guste o no, las leyes de Indias desarrollaron un primer sistema de derechos humanos en que a estos pueblos se le reconocieron territorios, idiomas, derechos a vivir bajo sus culturas y hasta los evangelizadores tenían que aprender las lenguas de estos pueblos. Todo eso fue desbaratado por las oligarquías que tomaron el poder. Al destruirse esas leyes, los indígenas quedaron desamparados y los terratenientes se lanzaron sobre sus tierras, antes protegidas por la corona. Ahora, en América latina, encontramos una gran paradoja: los pueblos indígenas andan buscando las cédulas reales que les reconocían sus territorios. Esta es la demostración más palpable de que las leyes de Indias fueron un sistema mejor para los indígenas que lo que vino después de la independencia. Por otra parte, las oligarquías, profundamente reaccionarias, establecieron un sistema de estado en el que la riqueza era todo para ellos y nada para los pobres. Ese es el origen de la desigualdad que hoy tenemos en Latinoamérica.
-¿Dónde dejamos entonces a los libertadores y sus leyendas?
-El problema es que los llamados libertadores han sido deificados y tocarlos es un sacrilegio en muchos países. Pero como en Nicaragua no hubo libertador, yo no tengo la cárcel mental de tener que reverenciar a nadie. Esa visión es lo que me permite ver lo que en otros países se consideraría una herejía o acto de traición. Por lo tanto, nadie se atreve a tocarlos. Como ejemplo, en Méjico se reverencia a Hidalgo y Morelos como libertadores. Es falso. Ellos encabezaron un movimiento popular aplastado por Iturbide. Ellos fueron ejecutados. En 1818 el movimiento independentista en Méjico había desaparecido. Y quien proclama la independencia es el mismo hombre que aplastó el movimiento de independencia, Agustín de Iturbide. Pero en Méjico no hay monumento a este hombre. Les da vergüenza porque Iturbide era realista, borbónico, ultramontano y ultrarreacionario. Por ese digo que América, más que historia se enseña mitología.
-¿Cómo se ve en Nicaragua la celebración del bicentenario de las Constitución de 1812?.
-Tanto en Nicaragua como en bastantes países americanos se ve como algo lejano porque se borró el periodo colonial después de la independencia. Allí se aprende la conquista y la independencia, y es muy poca gente la que conoce realmente qué pasó en Cádiz y que aquí vinieron diputados nicaragüenses. Una de las tareas necesarias es un proceso de reconocimiento de la historia fuera de mitos buenos y de mitos malos. Hay una parálisis histórica en Nicaragua y si para algo sirve el bicentenario es para reconocernos.
-¿Qué opinión le merece la polémica de la desclasificación de los documentos del gobierno de Estados Unidos filtrados por la web Wikileaks?
-En la cuestión política, las relaciones entre estados no se guían por estas polémicas. Para nada. Los intereses de los países siguen siendo los mismos y las relaciones con Estados Unidos no van a cambiar. En lo histórico, es una delicia para los historiadores porque no se van a matar esperando años a que desclasifiquen los documentos porque ya están ahí. En términos de anecdotario es otra delicia. Pero esto conviene desmitificarlo porque los informes que hace una embajada de un país tienen que responder a los intereses de ese país y expresar su opinión sobre la situación del mismo, independientemente de que pueda gustar o no al gobierno. De lo contrario, nos salimos de la diplomacia y la política para entrar en puro campo de cortesías y memeces donde uno se tiene que abstener de que en un momento dado está ocurriendo algo. Ese es el trabajo de las embajadas.
-¿Se va a ver afectada con este escándalo la opinión que los países latinoamericanos tienen de Estados Unidos?
-No, sobre todo porque para Latinoamérica cada vez es más importante lo que opina China que lo que dice Estados Unidos. Todo nuestro crecimiento económico y gran parte de nuestro futuro está en Asia. Y eso no lo cambia nada.

dilluns, 31 de gener del 2011

La vida sexual de Hitler

Las mujeres que tuvieron suerte intimar sexualmente Adolf Hitler se suicidaron todas. Lo hizo su sobrina Gene Raubal, pegándose un tiro, se suicidó artista René Müeller defenestrándose y se suicidó Eva Braun.


Taringa.net Las mujeres que tuvieron la suerte de intimar sexualmente con Adolf Hitler se suicidaron todas. Lo hizo su sobrina Gene Raubal, pegándose un tiro, se suicidó la artista René Müeller defenestrándose y se suicidó Eva Braun, en este caso para solidarizarse con él, es decir, se suicidaron al alimón. Pero ya anteriormente ella había intentado hacerlo por su cuenta por lo menos en dos ocasiones. ¿qué pasaba con Hitler? ¿que les hacía a las chicas que tan insoportable les resultaba?.
La figura histórica de Hitler es curiosísima. Era un tipo tirando a bajo, moreno, de cadera ancha y pecho hundido, con el defecto congénito de poseer un solo testículo, que consiguió convencer a los alemanes de la supremacía de la raza aria, alimentando la xenofobia. Es posible que él mismo fuera nieto bastardo de un judío. Al parecer su abuela se quedó embarazada siendo soltera cuando trabajaba en casa de unos judíos. Es irrelevante si lo era o no, pero lo que está claro es que él lo sospechaba puesto que ordenó varias investigaciones secretas al respecto. El caso es que, judío o ario, obnubiló al pueblo alemán que le consideraba un mesías y esa capacidad de arrastrar a todo un pueblo a una psicosis inducida resulta escalofriante.
Que Hitler estaba como una caldereta parece hoy incuestionable, pero lo que está por saber es hasta qué punto el componente sadomasoquista de su personalidad, que conocemos en el plano colectivo, afectó a su vida sexual. Se comenta que en presencia de una mujer hermosa tendía a rebajarse, a sentarse en el suelo porque decía no merecer estar a la altura de ella, actitud que exasperaba a sus seguidores más cercanos, pero lo cierto es que fue discretísimo con su vida sexual y poco se sabe al respecto, solamente unas cuantas pistas pueden ayudarnos a elaborar el puzzle de sus escarceos sexuales.
En su juventud no se le conocieron novias ni amigas. Era un vagabundo bohemio con ínfulas de pintor que cambió radicalmente al enrolarse en el ejercito, donde encontró su lugar en el mundo. Se las daba de casto y alardeaba de que su único amor era el pueblo alemán y de que no tenía ojitos para nadie más.
Pero lo cierto es que cuando ya tenía cierto poder comenzó a convivir con Geli, una sobrina suya, con la que iba al teatro, de compras, etc. sin que se sepa a ciencia cierta la naturaleza de las relaciones que había entre ambos. Se ha especulado con que mantenían relaciones turbias, que él la obligaba a orinar sobre su cabeza, pero quizá todo sean habladurías. Lo que sí sabemos es que ella un buen día se pegó un tiro y él estuvo muy afectado durante una larga temporada.
La segunda suicida, la actriz René Müeller, conoció a Hitler en una fiesta y pasó la noche en la cancillería. Luego un amigo de ella dijo que le había contado que cuando se quedó a solas con Adolf éste se arrojó al suelo auto insultándose, denigrándose y suplicando a saber qué humillaciones, pero son dimes y diretes sin demasiada fiabilidad. Eso sí, la actriz se lanzó ventana abajo ¿lo hizo debido al terrible choque psíquico que le supuso el derrumbamiento de su ídolo? o ¿estaría muerta de miedo al haber cometido la imprudencia de contar esos detalles de su intimidad?
El último amor del Führer fue Eva Braun, tenía 18 años cuando conoció al gran mandatario, que contaba cuarenta y pico. Eva, una chica simplona, se enamoró obsesivamente del líder y luchó por su amor aun con la oposición de sus padres. Fue correspondida y mantuvieron su romance durante más de una década aunque solo llegaron a casarse un día antes de la muerte de ambos, pero Hitler, que evitaba mostrarla en público, le regaló una casa en la que ella se pasaba dias esperándole, mirándose al espejo y escribiendo un diario en el que desgraciadamente no relata nada íntimo. Las preocupaciones de Eva eran las fiestas, su aspecto físico y lo sola que se sentía. Dos veces trató de quitarse la vida, una tomando exceso de fármacos, otra pegándose un tiro.
Pero cuando ya los rusos ganaban la guerra y Hitler decidió terminar con su vida tomando veneno, ella le secundó y tragó también veneno.
Esto es lo que os puedo contar de este tipejo que parece que vino al mundo con el destino de emponzoñarlo.

dijous, 27 de gener del 2011

Meir venció al Holocausto

Sobrevivió a un gueto, cinco campos de exterminio nazi y una marcha a pie de 200 kilómetros sobre la nieve. Para no recordar se sajó a cuchillo el número que le tatuaron las SS, pero Meir Eldar no olvida.



divendres, 21 de gener del 2011

Preludio de la Guerra Fría

cyberelector.com Hubo un tiempo en el que Estados Unidos y la Unión Soviética convivieron sin estar enfrentados el uno al otro (al menos directamente), y no me estoy refiriendo a los años en los que conjuntamente lucharon contra la Alemania nazi, no.
Vamos a explorar un periodo bastante poco conocido de la historia, el de la Pre-Guerra Fría. Tuvo lugar entre 1917 y 1939, años en el que la convivencia entre Estados Unidos y la Unión Soviética estuvo marcado por el recelo, por pequeñas confrontaciones que darían pistas sobre lo que podía sobrevenir pero que quedarían eclipsadas por la magnitud Guerra Fría.
La Unión Soviética “nació” en plena 1ª Guerra Mundial. El estallido de la revolución provocó, la salida de Rusia de la contienda. Sus aliados, entre los que se encontraba Estados Unidos, se encontraron de un día para otro con un aliado menos para combatir a Alemania. No hay que olvidar que la entrada en Rusia de Lenin, el líder que impulsó la Revolución Rusa de octubre y exiliado hasta entonces, no habría sido posible sin el beneplácito de Alemania, país que tuvo que atravesar para llegar a su Rusia natal.
Alemania lo tenía claro, si Lenin conseguía provocar una revolución en su enemigo Rusia, el frente oriental de la 1ª Guerra Mundial les dejaría de dar quebraderos de cabeza. Así fue como se actuó y los acontecimientos se sucedieron tal y como la cancillería alemana deseaba.
La salida de Rusia de la Gran Guerra debilitó al bloque formado por Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, pero se sobrepusieron y ganaron la guerra a Alemania. Ahora Rusia era visto con desconfianza. Además, el ideario bolchevique no ayudaba a que se tendiesen puentes entre ambas naciones, sus principios estaban bien marcados: el capitalismo debía de ser derribado por la fuerza para ser reemplazado por un sistema comunista.
Estados Unidos y sus aliados vislumbraron pronto el problema, con lo que decidieron lanzar una serie de ofensivas a menor escala en suelo ruso y en apoyo del Ejército Blanco, fuerzas nacionalistas contrarrevolucionarias formadas en su mayor parte por pro-zaristas. Así, se dio la imagen de que en 1918 tropas estadounidenses desfilaban por las calles de Vladivostok, ciudad rusa oriental que no fue controlada por los soviéticos hasta 1922.
Al tratarse de una guerra prácticamente “soterrada” y debido al cansancio provocado por tantos años de guerra, no se enviaron grandes contingentes a la zona. Se buscaba desestabilizar a la recién nacida nación comunista, pero los intentos quedaron en nada.
Las tensiones continuaron durante los años 20 y 30. Y es que Estados Unidos se negó a reconocer a la Unión Soviética hasta 1933 y es que las relaciones entre ambos naciones durante estos años fueron inexistentes. Fue en los años 20 cuando volvieron a chocar, esta vez en Alemania. Los intereses norteamericanos en ayudar a Alemania con el pago de las deudas contraídas por la perdida de la guerra chocaron frente a los intereses soviéticos de promover una alianza con el “hermano” alemán que culminó con la firma del Tratado de Rapallo en 1922.
De mientras, Estados Unidos estaba en una época de crecimiento desenfrenado, en los llamados ‘locos años 20′. Consumismo frente a comunismo. Una gran batalla entre dos estilos completamente antagónicos.
A su vez, en Estados Unidos comenzaba a germinar el comunismo, que se desligaba de su hasta entonces hermano socialismo, por órdenes de Lenin. El Partido Comunista de América nació en 1919 aunque no fue hasta la década de los 30 cuando obtuvo notoria trascendencia. Y sí, se llegaron a presentar a elecciones, aunque con poco éxito. Era un partido quasi-clandestino en un país en el que los comunistas eran uno de tantos enemigos del pueblo.
El crack económico de 1929 sumió a Estados Unidos en una gran depresión que afectó a todo el mundo… menos a la Unión Soviética, claro. Una de las consecuencias que tuvo el crack fue el ascenso de los totalitarismos en el viejo continente, destacando el nacional-socialismo en Alemania. Estados Unidos decidió aislarse en todo lo referente a política internacional, en busca de solucionar sus problemas internos.
A finales de los años 30, parecía que la Unión Soviética estaba aislada y con un enemigo a las puertas de su casa, la Alemania Nazi, que además tenía ansias expansionistas. Sin embargo, Hitler y Stalin firmaron un pacto de no agresión pocos días antes del comienzo de la 2ª Guerra Mundial. Un pacto contraproducente y que pilló a contrapie a las potencias de Europa Occidental, que esperaban justo lo contrario.
El 1 de septiembre de 1939 Alemania invade Polonia conjuntamente con la Unión Soviética. Francia y Gran Bretaña declaran la guerra a Alemania y comienza la 2ª Guerra Mundial. Este capítulo os lo ahorraremos, porque ya nos lo sabemos la mitad de los mortales de carrerilla.
¿Pero sabéis que pasados los avatares de la guerra, Churchill estuvo pensando en un ataque a la URSS? Era la llamada Operación Impensable. Pero eso os lo contaremos en otro día.