Los refugios antiaéreos de la Guerra Civil vuelven a abrir sus puertas para mostrar cómo miles de alicantinos se protegieron de los intensos bombardeos que sufrió la ciudad durante uno de los episodios más difíciles de su historia.
Alicante llegó a contar con más de noventa refugios públicos repartidos por distintos puntos del municipio, formando una auténtica red subterránea destinada a proteger a la población civil de los ataques aéreos. Parte de ese legado histórico puede visitarse hoy gracias a las rutas organizadas por la Asociación de Guías Oficiales de la Comunitat Valenciana en colaboración con el Ayuntamiento de Alicante.
Un recorrido por la Alicante subterránea.
Las visitas guiadas permiten conocer algunos de los refugios mejor conservados de la ciudad y adentrarse en la realidad que vivieron miles de vecinos durante la Guerra Civil. Los participantes recorren galerías y espacios que sirvieron como refugio ante las alarmas aéreas y descubren cómo se organizaba la vida en estos lugares durante los momentos de mayor peligro.
La iniciativa no solo ofrece una experiencia histórica, sino que también contribuye a divulgar la importancia de conservar estos enclaves como parte de la memoria colectiva de Alicante. A través de explicaciones y testimonios documentados, los visitantes pueden comprender mejor el impacto que tuvo la guerra sobre la población civil.
Un patrimonio recuperado para la ciudad.
En los últimos años, varios de estos refugios han sido objeto de trabajos de recuperación y puesta en valor, permitiendo que formen parte de la oferta cultural y turística de la ciudad. Su conservación ha convertido estos espacios en un recurso fundamental para divulgar la historia local entre residentes y visitantes.
Además de recuperar la memoria de uno de los capítulos más duros del siglo XX, estas visitas contribuyen a preservar un patrimonio singular que distingue a Alicante. La iniciativa permite acercar a nuevas generaciones la historia de quienes encontraron en estos refugios un lugar seguro frente a los bombardeos, manteniendo vivo el recuerdo de una parte esencial del pasado de la ciudad.
Fuente: Sergio Viso