dilluns, 6 de desembre de 2010

¿Hay que importar el sistema de recogida de envases de Alemania?


Clemente Álvarez
Supermercado Real de la calle Karl Marx, en el sur de Berlín (Alemania). Clientes acuden a una sala especial con varias máquinas para devolver envases vacíos de cerveza, agua, refrescos... Introducen la botella o la lata usada en una abertura y a cambio reciben un ticket que pueden canjear por dinero en caja: por cada envase devuelto, recuperan 0,25 euros. ¿Se puede implantar algo parecido en España?
Hace siete años que Alemania introdujo este sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR) y hoy este país ha alcanzado una tasa de recuperación de estos envases del 98,5%. Ahora, un grupo de entidades ambientales y sociales españolas han creado una nueva organización, Retorna, para reclamar la inclusión de este sistema en España, aprovechando que hay que cambiar la Ley para transponer una nueva directiva europea de residuos. Este post es el resultado de un viaje a Berlín con otros periodistas organizado y financiado por Retorna.
Al introducir la lata o la botella en alguna de las tres máquinas del supermercado Real, un sensor identifica el tipo de envase y comprueba que pertenece al sistema alemán de depósito. Si es así, puede ser un recipiente de un solo uso (que ahora hay que reciclar) o de múltiples usos (que habrá que lavar y reutilizar). En el primer caso, al comprarlo el consumidor tuvo que dejar un depósito de 25 céntimos de euro que ahora le será devuelto. La máquina se traga el envase vacío, compacta el material en su interior e imprime un recibo con el reembolso para el cliente. Si se trata de un envase para reutilizar, el montante del depósito es distinto y la botella pasa a un cuarto contiguo donde se va juntando en cajas con otras del mismo tipo.
“Esto no supone ningún coste adicional para el consumidor”, asegura Maria Elander, de Deutsche Umwelthilfe, la ONG que impulsó la instauración de este sistema de depósitos en Alemania, como ocurre en otros 32 países o regiones del mundo, entre ellos, Noruega, Dinamarca, Suecia, Finlandia u Holanda: “Sólo pagan los que no devuelven el material: el que contamina paga”.
Siete años después de la inclusión del sistema SDDR en Alemania, sus defensores aseguran que uno de sus efectos más impactantes salta rápidamente a la vista en cualquier ciudad: las latas y botellas tiradas en el suelo desaparecen de golpe de las calles o espacios públicos. Lo que antes era basura, se cambia ahora por dinero. “No sólo reciclamos más, también lo hacemos con mayor calidad”, incide Elander, que explica que al no juntarse con basura, el material recuperado para reciclar es de mayor pureza y se puede vender a un precio mucho mayor. “Cuando preguntamos a los consumidores, el 80-90% nos dice que le gusta el sistema”, asegura la alemana.
Al principio, los comerciantes eran reacios a la introducción de este sistema, pues son los únicos que se ven forzados a realizar importantes inversiones para recoger los envases: una de las máquinas del supermercado Real cuesta entre 15.000 y 20.000 euros. Sin embargo, según la representante de Deutsche Umwelthilfe, esta percepción inicial ha cambiado por completo, pues ahora las superficies comerciales sacan dinero de estas máquinas. Aparte del 1,5% de los depósitos cuya devolución nadie reclama, en Alemania los envases devueltos en cada establecimiento pasan a ser propiedad de este, siendo una materia prima que tiene un precio en el mercado: una tonelada de plástico PET se paga a unos 400 euros y una tonelada de aluminio a unos 1.000 euros. En los países escandinavos que también usan este sistema de depósito, el material no acaba siendo propiedad de los comerciantes, sino de un gestor central que sí paga a los comerciantes un porcentaje de todos los envases que se recojan en sus establecimientos. La propuesta de Retorna es introducir en España un depósito de 0,25 euros como el alemán, pero con un modelo similar al de los países escandinavos.
En Alemania se recuperan al año unos 16.000 millones de envases: un 80% de ellos son tragados por estas máquinas en supermercados y el 20% restante se recolecta de forma manual en pequeños comercios. Todos los establecimientos están obligados a recoger lo que venden, pero, según Elander, las grandes superficies se han dado cuenta que estas máquinas pueden ser también un reclamo para atraer clientes. "Las colocan al final de las tiendas", comenta.

En la planta de conteo de envases de Großräschen, a 136 km de Berlín, se rompe el sello de las puertas de un nuevo camión para descargar botellas y latas recuperadas de forma manual en pequeños comercios. Las latas y botellas van metidas en sacos especiales precintados e identificados con códigos de barras. “Nosotros aquí trabajamos con dinero, es un trabajo muy sensible”, incide Hans-Joachim Bevers, representante de la empresa de logística Rhenus, que especifica que en cada uno de estos camiones se transportan entre 30.000 y 40.000 unidades; es decir, entre 7.500 y 10.000 euros en depósitos.
Esta instalación de conteo, una de las siete existentes en Alemania, tiene poco ver con una planta de separación de residuos en España. El ambiente es limpio, no hay malos olores y lo que sale de los sacos precintados no es desde luego tratado como basura. Cada envase es escaneado varias veces, uno a uno, para identificarlo y verificar que pertenece al sistema alemán de depósitos. Luego se separan por materiales (incluido por el color del plástico) y se compactan para luego vender esta materia prima a los recicladores. En Alemania, el 85% de los envases de cerveza son botellas reutilizables y el 15% envases de un solo uso para reciclar.
En España, la mayor parte de los envases (salvo los de vidrio) se deben tirar en el contenedor amarillo, haciéndose cargo de ellos la empresa gestora Ecoembes, que recibe dinero de los fabricantes para su reciclaje (por el llamado punto verde). “Ahora, como mucho el 30% de los envases va al contenedor amarillo, el resto acaba en vertederos, en incineradoras o tirados en calles o playas”, asegura Víctor Mitjans, de la Fundació Catalana per a la prevenció de Residus i el Consum Responsable, una de las organizaciones impulsoras de Retorna, junto a Greenpeace, Ecologistas en Acción, Amigos de la Tierra, Fundación Global Nature, CCOO, la Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU) o las 350 empresas del Gremi de Recuperació de Catalunya. “Llevamos 10 años con el contenedor amarillo y estamos estancados”, defiende Mitjans, que recalca que los fabricantes pagan sólo por los envases que se tiran en el contenedor amarillo, pero no por el 70% restante que asegura sigue desperdigándose por cualquier parte. “Eso lo paga la ciudadanía a través de tasas e impuestos de los entes municipales para la limpieza de las calles”.
La propuesta de Retorna para España es que se ponga, de momento, un depósito de 0,25 euros para los envases de refrescos, agua, cerveza y cerveza de un solo uso y que el resto de los envases -o embalajes- se sigan tirando al contenedor amarillo o a los iglúes verdes (el vidrio). Como explica la representante de Deutshe Umwelthilfe, esto mismo se comenzó a hacer en Alemania en 2003. “Los dos sistemas se juntaron y ahora el sistema de punto verde es mucho más eficiente”.

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