dimarts, 19 de maig de 2015

Descubren en el archivo de la Catedral de Valencia una contabilidad del siglo XVI única en el mundo

Inmaculada Llibrer, profesora de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” (UCV), ha descubierto en la investigación que ha realizado para su tesis doctoral un sistema de contabilidad único, no catalogado hasta el momento, en los libros de cuentas manuscritos en valenciano antiguo de la Catedral de Valencia en el periodo comprendido entre los años 1546 y 1555.
Este sistema único se utilizaba tan solo para la caja de la sacristía, el “corazón económico y financiero” de la Catedral, en la que se guardaba el dinero. Para gestionar las transacciones de esta caja fuerte mediante dicho sistema se utilizaban tres libros: el Manual, y el Maior, ambos estudiados por Llibrer, junto al libro borrador, que no se ha conservado.
Llibrer -que ha obtenido la nota de sobresaliente cum laude- ha calificado el descubrimiento de “muy importante” tanto para el ámbito de la contabilidad, como de la historia y la economía valenciana, porque se trata de un sistema contable que contiene los elementos de la partida doble (el método de registro que se utiliza en la actualidad y que maneja dos cuentas: una que se debita y otra que se acredita) “adaptados a las características de la institución” en orden a poder conseguir la información económica que el cabildo necesitaba para tomar sus decisiones.
Según el estudio de la profesora de la UCV, la partida doble llegó a la Catedral posiblemente a través de los miembros del cabildo -órgano de máxima autoridad de la institución, formado por un colegio de 24 canónigos y presidido por el arzobispo- que pertenecían a “familias empresariales” de la ciudad. Años antes de esta época, Valencia había sido “un foco de negocio muy señalado en el Mediterráneo”.
Así, el cabildo catedralicio necesitaba un sistema que le permitiese conocer, en cualquier momento, “cuánto dinero tenía, qué centro de actividad lo había generado y a qué se destinaba” para poder decidir respecto a futuras inversiones “que le permitiesen no pedir fondos en el mercado financiero”. Por ello, adaptaron las características de la partida doble a las necesidades de la Catedral.

57.300 MISAS ANUALES Y 40 PROCESIONES

En opinión de la docente de la UCV, la contabilidad de la Catedral era “muy eficiente” porque el cabildo utilizaba un sistema u otro en función de la información que precisaba: “Si querían controlar qué había ocurrido, utilizaban el sistema de partida simple; si necesitaban saber de qué fondos disponían, hasta cuánto se podían endeudar, qué cantidad podían pedir prestada y si podían enfrentarse o no a una obra en el templo, necesitaban del sistema de partida doble”.
Por otra parte, Llibrer ha asegurado que, aunque sería “desacertado” pensar que la Catedral era como una empresa, muchas de hoy podrían “aprender” del sistema organizativo que ésta tenía en el siglo XVI. “El estudio detallado de los apuntes contables permite concluir que existía una estructura económica de abrumadora complejidad”, ha aducido.
Dicha estructura estaba motivada por la “numerosa actividad económica” que manifiestan los libros de cuentas examinados por la experta de la UCV. Así en aquella época se celebraban cada año más de 57.300 misas -más de cien diarias-, alrededor de 3.000 horas canónicas, más de 40 procesiones, todas las festividades y solemnidades del calendario litúrgico, y muchos de los actos sociales de la ciudad y del Regne.
Precisamente, de la transcripción realizada por Llibrer de cada uno de los diez libros de cuentas (uno por año), lo “más significativo” del sistema exclusivo que estos empleaban es que “en todo momento” se observa la organización interna de la Catedral, que dividía su estructura en muchas administraciones separadas entre sí para responder a las exigencias de las “múltiples actividades” que en ella tenían lugar.
Estas administraciones eran “independientes” y no se producían traspasos de fondos entre ellas, excepto los que respondían a transacciones económicas reales derivadas de la actividad. El cabildo delegaba la gestión de cada administración en un canónigo, “estrategia que indicaba la estrecha amplitud de mando sobre los fondos y la voluntad de que todos los miembros fueran conocedores del funcionamiento de toda la institución evitando que se perpetuaran sobre una determinada área”.

MULTITUD DE ADMINISTRACIONES: L’ALMOINA, DINER MENUT, ARMARIO DE FÁBRICA…

Las administraciones que se hacían demasiado grandes se dividían a su vez, en otras, como sucedió con la principal, L’Almoina, que se dividió en tres: las procuras de Ruzafa y Benimaclet, y la del Pagador de señales, el que hacía efectiva la entrega diaria a los pobres.
Canonical, Diner menut, y Doblas y aniversarios eran las tres áreas que dedicaban sus ingresos a pagar a dignidades, canónigos y beneficiados su asistencia a celebraciones, misas y oraciones en el coro, aunque este cometido se realizaba a través de la bolsa del coro que intermediaba entre ellas y los asistentes.
Obra y fábrica atendía las reparaciones, el mantenimiento y las obras de remodelación del templo (en esa época se había llevado a cabo la reconstrucción de la arcada principal); así como la luz, la limpieza (el suelo de la Catedral era de tierra) y algunos gastos relacionados con la música.
Existían otras administraciones como Armario de fábrica, que atendía pequeños gastos y compras de la liturgia; Annata mortis, que cobraba los beneficios vacantes; Racions comuns, que pagaba dietas y gastos de manutención y de estancia a los representantes del cabildo en otras plazas; Tesorería, que adquiría, custodiaba y reparaba los ornamentos; Administración de misas, que se encargaba de la gestión de las misas.
Por último, las administraciones Décima y Sacristía: la primera se creó para recaudar entre todos los eclesiásticos de la diócesis el impuesto del subsidio, que financiaba la política exterior del monarca.; y la segunda estaba gestionada por el Magister, que se encargaba personalmente de la custodia de los fondos. Además, la caja de la Sacristía tenía cuatro cerraduras con cuatro llaves diferentes, en poder de cuatro canónigos elegidos por el cabildo; se trataba de una medida de seguridad que requería de la presencia y el acuerdo de los cuatro para que se abriese la caja.

MÁS DE 500 TRABAJADORES EN OFICIOS YA EXTINTOS

Toda las tareas de este entramado de administraciones dependían de “muchos oficios distintos, más de quinientos con toda seguridad”, según ha expuesto Llibrer. De los relacionados con la liturgia, en el transcurso de la investigación se encontraron siete: el ‘sots-diacà’, un clérigo no presbítero cuya función era leer la epístola; los ‘sochantres’, dos clérigos que asistían en las celebraciones litúrgicas, en las misas cantadas y en las vísperas; los ‘domer’, encargados semanalmente de las celebraciones del oficio y la administración de sacramentos; los cuatro ‘hebdomari’, que ejercían el oficio ayuda en el altar.
Además de estos se encontraban también los cantores, contratados para que ejercieran labores musicales durante la liturgia; junto al organista y los músicos, que podían ser todos seglares.
En cuanto a los oficios relacionados con tareas de administración, el “más destacable” era el ya mencionado de administrador de cada una de esas áreas, que delegaba en el procurador las tareas de recaudar los cobros de las rentas y una parte de la gestión de tesorería. El canónigo que tenía a su cuidado el mantenimiento del edificio de la catedral recibía el nombre de ‘obrer'; y su procurador el de ‘sots-obrer’.
Por su parte, el racional u ‘oidor de comptes’ realizaba la revisión de las cuentas que, para cada administración, se elaboraban al cierre del ejercicio; mientras que el ‘collector’ era quien realizaba la colecta; el ‘baciner’ estaba al cuidado del ‘bací’, donde se depositaban las limosnas; el ‘bosser’ era la persona que tenía a su cargo la bolsa; y el apuntador ejercía uno de los oficios “más delicados y difíciles” de ejercer, pues debía anotar las faltas de los que no asistían a las misas.
Finalmente, los dos ‘archivers’ eran los encargados de guardar, custodiar, administrar y llevar con orden todos los instrumentos, papeles, escrituras, documentos, libros y la cuenta y razón de las administraciones y sus colectas; y el ‘pertiguer’, que llevaba una pértiga,era el encargado de poner orden dentro del recinto sagrado.
Muchos otros oficios, como el de carpintero, el de cerero o el de platero, vivían de la actividad económica que generaba la actividad de la Catedral.
La tesis ha sido dirigida por el Dr. Nicolás Sánchez, profesor de la Universidad Católica de Valencia.
El tribunal ante el que Llibrer ha defendido su tesis ha estado compuesto, en primer lugar, por el Dr. Vicente Montesinos, catedrático de Contabilidad de la Universitat de València, que ha actuado como presidente; por el Dr. José Andrés Sánchez Pedroche, rector de la Universidad a Distancia de Madrid; y por la Dra. Begoña Prieto, catedrática de Contabilidad de la Universidad de Burgos, que ha detentado el cargo de secretaria del tribunal.

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