dijous, 24 de febrer de 2011

23-F: a 30 años de una "noche de cuchillos largos"



Diego Díaz. Estamos de efeméride. 30 aniversario de la intentona golpista. Los medios volverán a repetirnos machaconamente el discurso de siempre. El valor de Suárez y Gutiérrez Mellado enfrentándose físicamente a los hombres de Tejero. La ejemplar y modélica actuación del rey. La noche de los transitores, bla, bla, bla. Un hecho sin embargo apenas citado en la abundantísima bibliografía que disponemos sobre el 23F es la elaboración por grupos extremistas de listas negras. Relaciones de personas de ideología demócrata y de izquierdas que deberían ser represaliadas en caso de triunfar el golpe.
La lista negra del 23 F más conocida, y que mayor circulación tuvo con posterioridad al frustrado pronunciamiento militar se confeccionó paradójicamente en octubre de 1980, y fue publicada en agosto de 1982 por el semanario Actual. La autoría correspondió a las llamadas Milicias Patrióticas Populares, un desconocido grupo ultra formado a partir de elementos escindidos de “Fuerza Nueva”, “Frente de la Juventud”, “Fuerza Joven”, “Falange de Primera Línea” y las “Juventudes Nacionalistas Revolucionarias”.
En ella aparecían en primer lugar los nombres de artistas e intelectuales claramente asociados al mundo de la izquierda, Manuel Vázquez Montalbán, Rafael Alberti, Antonio Gades, Pepa Flores, Raimón, Lluis Llach, Paco Ibañez o José Sacristán, y otros tantos que no se sabe muy bien qué diablos pintaban allí, pues por estar incluso figuraban los nombres de los actores Tony Leblanc y Concha Velasco. En un segundo apartado, provincia a provincia, incluyendo también a Ceuta y Melilla, iba desgranándose el nombre de los diferentes rojos y rojas locales que debían ser “paseados” el día después del golpe.
En total unas 3.000 personas. Al tratarse de un pequeño grupo madrileño, cabe pensar que la información provincial recabada por los ultras se había tomado de las listas electorales de 1979, así como de los viejos archivos de la extinta Brigada Político Social, algo nada extraño teniendo en cuenta los múltiples contactos que se daban entre la extrema derecha y los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. El periodista Mariano Sánchez Soler ha mencionado en su libro "La transición sangrienta" la existencia en Valladolid, Madrid y Barcelona de grupos fascistas coordinados en la denominada Operación Cuchillo.
El objetivo de la citada operación sería aprovechar la coyuntura golpista para la eliminación selectiva de dirigentes y personalidades clave de la izquierda española. Planes como este formaban parte del efervescente ambiente conspirativo que por entonces, finales de 1980, se respiraba en los círculos de la extrema derecha civil y militar. Un clima golpista convenientemente caldeado desde la prensa ultraderechista, entregada en cuerpo y alma a alentar esa intervención militar que salvase a la patria de los males que la afligían. Los diarios El Alcazar y el El Imparcial, así como otras publicaciones periódicas, El Heraldo Español, Fuerza Nueva, Ejército, El Imparcial, Reconquista, se convertirían en caja de resonancia de los sectores antidemocráticos, que como ha señalado el politólogo Jesús de Andrés, desesperados tras el nuevo fracaso en las elecciones de 1979, apostarían “una vez reconocida la desorganización y confirmado el revés electoral, decididamente por «la estrategia de la tensión»”.
La noche del 23F, sería, además de la noche de los transistores, la noche de los akelarres fascistas y las listas negras. En previsión del triunfo del golpe de Estado grupos informales de ultraderechistas se reunieron espontaneamente para elaborar listados de personas que debían ser puestas a disposición de las nuevas autoridades militares. En Asturias, por ejemplo, tenemos constancia por testigos presenciales de una lista en Oviedo y otra en Grado, tradicional plaza roja de la región. Probablemente existieron muchas más. En Galicia sabemos por el escritor Manuel Rivas de listas similares, precisamente él figuraba entre las personas eliminables.
Tras el fracaso del 23F seguirían por algún tiempo más flotando en la galaxia ultra los proyectos. Poco antes de las elecciones que darían el triunfo a Felipe González, en 1982, los servicios de inteligencia abortaban una nueva conspiración golpista planeada para el 27 de Octubre, jornada de reflexión previa a las elecciones generales. La llamada Operación Halcón y Marte sería el complemento civil al golpe militar. Según Cambio 16 200 ultraderechistas estarían implicados en esta siniestra operación. Mientras los militares colapsarían Madrid y tomarían el control de los puntos estratégicos de la capital española, comandos de civiles coordinados con los golpistas asesinarían en Madrid y Barcelona a líderes y personalidades de la izquierda.
Poco sentido tenían ya los proyectos involucionistas. Desde el 23F las reivindicaciones las reivindicaciones de las izquierdas se moderarían aún más, e un contexto general de reflujo de los movimientos sociales que habían animado los primeros momentos de un proceso democratizador perfectamente compatible con el status quo capitalista. Tras la intentona de febrero el proceso autonómico se ralentizaba, la monarquía se consolidaba, España aceleraba su ingreso en la OTAN y los sindicatos firmaban un nuevo acuerdo con la patronal. Si algo se reafirmaría el 23F no sería precisamente el proceso democrático español, como nos cuenta el relato único sobre la transición. Más bien, justamente lo contrario, su carácter vigilado.

2 comentaris:

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